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El producto que mejor ilustra este cambio de paradigma es el perfume 212 de Carolina Herrera, lanzado en 1997. El reputado director de arte Fabien Baron diseñó el frasco, mientras que el fotógrafo Patrick Demarchelier se encargó de la campaña. Con 212, Puig entró a formar parte de la primera división de la industria de la moda y marcó una estrategia que perpetuaría con Black XS en 2005 para Paco Rabanne y con el perfume Nina de Nina Ricci en 2006.

Los buenos resultados conseguidos con estos atrevidos productos fomentaron una nueva forma de trabajar en Puig. Esta visión más descarada y audaz de la perfumería llevó a la creación, en 2008, de la revolucionaria fragancia 1 Million de Paco Rabanne. Hasta entonces, la mayoría de las fragancias masculinas se habían asociado a la afición al deporte. En Puig

vieron la oportunidad de explotar un deseo al que nadie había apelado: el dinero y el poder que lleva asociado.

La especialidad de Puig es capturar y embotellar los sueños que evoca la moda. La compañía fue adquiriendo prestigio en el sector por el talento demostrado como «novelistas de aromas».

El mismo año en que se lanzaba 212, Enrique Puig consiguió fichar a Antonio Banderas, el único actor español con presencia internacional en aquel momento, para crear conjuntamente una línea de perfumes con su nombre. Once años después se establecería un vínculo parecido con otra figura del pop internacional, la cantante colombiana Shakira.

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